Atendido por sus dueños

Un acercamiento a la intimidad de emprendimientos familiares -muchos de ellos desarrollados por inmigrantes- que situados entre el taller y la fábrica producían, artesanal o semi-industrialmente, elementos destinados a satisfacer las necesidades diarias de una población en constante crecimiento.
Lugar: Museo de la Ciudad.
Fecha: del 6 de mayo de 2006 al 6 de agosto de 2006.
Desde finales del siglo XIX Rosario se convierte, merced al puerto y a su posición geográfica privilegiada en una de las economías más dinámicas de la Argentina agroexportadora. Sin embargo, la crisis mundial de 1929 va a golpear duramente a la ciudad reduciendo drásticamente el flujo del comercio mundial. Comienza entonces el proceso de sustitución de importaciones las que favorecen el desarrollo de la actividad manufacturera hasta mediados de 1970.
Cubriendo los espacios dejados de lado por la importación y por la industria local, comenzaron a surgir emprendimientos familiares -muchos de ellos desarrollados por inmigrantes- que en un ámbito de producción generalmente doméstico establecieron una relación cotidiana con sus clientes. Situados entre el taller y la fábrica producían, artesanal o semi-industrialmente, elementos destinados a satisfacer las necesidades diarias de una población en constante crecimiento.
Atendido por sus dueños propone un acercamiento a la intimidad de estos oficios, actualmente transformados por las nuevas tecnologías o relegados por los cambios en la moda y las políticas económicas. Reconstruye los procesos de fabricación valorando a sus realizadores en los contextos en los que actuaron y que les permitieron, con labor y creatividad, abrirse paso en el mundo del trabajo.
Museo de la Ciudad
Contexto Histórico
1870 - 1930 / El modelo agroexportador
En esta época el desarrollo del sector manufacturero se orientó casi exclusivamente hacia la elaboración de productos primarios como complemento del sector agroexportador. Un reducido número de grandes establecimientos y una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas productoras de bienes livianos cubrían los espacios del mercado interno. Empresas que se ubicaban en un estadio transicional entre el taller y la manufactura.

1930 - 1976 / De la sustitución de importaciones a la última dictadura
En 1930 la quiebra del sistema de comercio y finanzas internacionales afectó muy duramente a la ciudad. La prosperidad de la urbe dependía básicamente de su función de nexo entre el interior del país y el exterior. Se redujeron las actividades del puerto y aumentó el peso relativo de las actividades económicas orientadas al mercado interno.
Esta nueva coyuntura posibilitó el comienzo del proceso de sustitución de importaciones, que consistía en una industrialización progresiva con el fin de producir en el país, aquellos elementos que hasta ese momento eran adquiridos en el exterior. Hacia 1955 la estructura industrial de la ciudad adquirió las características que persistirían durante años. Las actividades siderometalúrgicas y metalmecánica eran las predominantes, continuándoles las industrias textiles y de confecciones, y luego las alimenticias. Con el tiempo irán evolucionando hacia la diversificación, potenciando la elaboración de productos con alto valor agregado y elevada tecnología.
En 1976 la apertura indiscriminada a la importación, significó el comienzo del fin de la etapa sustitutiva de las mismas. Muchas empresas y sobre todo muchos de los pequeños emprendimientos familiares debieron cerrar sus puertas.

Aviso del taller de sellos Ricabarre y catálogo de mosaicos de Figueroa Palau.
Fábrica de mosaicos municipal.
Dejando la marca
La producción de sellos de goma en nuestra ciudad se entremezcla, en sus comienzos, con el desarrollo de la industria gráfica. A finales del siglo XIX eran elaborados en los grandes establecimientos como los de Ferrazini o Woelflin, con talleres anexos. Fue hacia 1884 que se instaló el primer taller para producir estereotipias y sellos de goma de Rosario. Se trataba de "La Minerva" de los hermanos Moreau, ubicado en calle Santa Fe al 900.
A los pies de Rosario
El acelerado crecimiento de la ciudad, hacia finales del siglo XIX, determinó la necesidad de incorporar y mejorar obras de infraestructura urbana. La apertura de calles y la traza de nuevas sendas obligaron, alrededor de 1880, a encarar la producción de baldosas a nivel local, tanto en el ámbito público como en el privado.
La necesidad de contar con materiales de construcción era tal, que durante la intendencia de Esteban N. Morcillo la Municipalidad de Rosario inauguró en 1932 la Fábrica de Mosaicos Municipal.
Las primeras boticas y farmacias del Rosario
Las boticas del pasado eran verdaderas instituciones dentro de sus respectivos vecindarios. Los boticarios tenían la autoridad y el prestigio del médico, y eran proverbiales el respeto y la fe con que acudían a ellos los vecinos en procura de un consejo o de un alivio a sus males.
La botica no siempre fue el lugar de expendio de medicamentos. Hasta mediados del siglo pasado era también donde se los preparaba. Diversas reglamentaciones establecían que las farmacias debían contar con un local para el despacho al público, otro destinado al laboratorio farmacéutico y finalmente un depósito de drogas y productos químicos.
Para 1861 existían en Rosario las boticas: "Del Águila", "Del Mercado", "Del Cóndor Dorado", "De la Caridad" y "Del Globo o Colón".
En 1869, la clasificación censal de las profesiones revela que había en Rosario 22 farmacéuticos. Ese año, la población sobrepasaba los 23000 habitantes, según el primer censo nacional levantado en septiembre.
Al establecerse el servicio nocturno obligatorio de atención al público,
en septiembre de 1880, las farmacias habilitadas en Rosario, más allá
de las nombradas, eran: "Farmacia Inglesa de Day", "Botica
del Pueblo, "Botica de Raspail", "Botica Central" y "
Botica de la Sociedad Italiana".
Al finalizar el siglo XIX la ciudad de Rosario contaba con alrededor de 30
farmacias establecidas.
Sombrereros en Rosario

Sombrerería.
Hasta la primer mitad del siglo XX, la indumentaria masculina era acompañada por el infaltable sombrero, accesorio imprescindible junto al bastón. Las costumbres determinaban el uso para cada ocasión. El sombrero de copa era considerado como el máximo de elegancia. El "bombín" o sombrero "hongo" se usaba cotidianamente, lo mismo que los sombreros de fieltro blando, mientras que en verano se llevaban los sombreros de paja blanda, llamados popularmente "de Panamá". Hacia fines de la década del 60 su uso masivo decae, reservándose para la vestimenta de las personas mayores.
Según la Gran Guía de Rosario de Santa Fe de 1896 la ciudad ya contaba con 15 casas dedicadas a la venta de sombreros. Hacia la década de 1930 se instala en la ciudad una nueva camada de inmigrantes, especialmente italianos y españoles, entre los que se encontraba Esteban Ortega. Como tantos otros, es aquí donde aprende un oficio con el que más tarde instalará su propio taller. Dedicado exclusivamente a sombreros para caballeros, trabajará con la colaboración de su esposa y dos hermanas.
Cristales desde San Carlos
La historia de la Cristalería San Carlos es paradigmática de muchos oficios traídos por inmigrantes a nuestra ciudad. Si bien estos inmigrantes no se asentaron en Rosario, el camino seguido permite ejemplificar el de otros emprendimientos similares que se establecieron aquí.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial y a causa de la desfavorable situación económica social que se vivía en Europa, un grupo integrado por catorce jóvenes italianos denominado TOVA (técnicos obreros vidrio Altare), provenientes de Altare (pueblo de la región de Liguria) vino a la Argentina con el fin de desarrollar aquí la industria cristalera, aprovechando toda una tradición en la práctica de este arte oficio. Se embarcaron en Génova el 8 de septiembre de 1947 en el barco Mendoza de bandera argentina, con destino a Buenos Aires. Llegados al país se trasladaron a San Jorge donde fundaron la Cristalería SAICA, Sociedad Anónima Industria Cristal Artístico.
Tiempo después algunos integrantes del grupo originario se establecieron en San Carlos Centro, Provincia de Santa Fe, donde continuaron con su oficio. Anselmo Gaminara era el más joven de ese grupo y el diseñador de los cristales; en 1950 junto con otros ligures fundaron la Cristalería San Carlos.
Se puede afirmar que en la localidad de San Carlos Centro, zona agropecuaria, se adquirió en forma extraordinaria la tradición comentada. Poco a poco los campesinos fueron aprendiendo los conocimientos al lado de maestros vidrieros. Se formó un núcleo de artesanos, algunos descendientes de pioneros, otros capacitados aquí, que asimilaron perfectamente las distintas técnicas que demanda el caprichoso cristal.
Investigacion histórica:
Museo de la Ciudad.
Fuentes:
SAVINO, Jesica. Historia de la Cristalería San Carlos. Museo del Vidrio
Cristalería San Carlos. 2006.
VIDELA, Oscar y FERNANDEZ, Snadra. Historia de Rosario: Cáp. 2. La
evolución económica rosarina durante el desarrollo agroexportador.
CASTAGNA, Alicia I. y WOELFLIN, María L. Historia de Rosario: Cap.
5. La economía rosarina desde la sustitución de importaciones
hasta la reestructuración productiva.
SAULQUIN, Susana. La Moda en la Argentina.
ARTESANO, E. La Ropa de la Tierra.
Archivo Fotográfico y Biblioteca y Archivo Documental Museo de la Ciudad.













