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La peste

Epidemias en Rosario

Durante la segunda mitad del siglo XIX la Villa del Rosario se transformó en una pujante ciudad portuaria. La vertiginosa expansión demográfica definió un crítico panorama sanitario. Sus signos más notorios fueron el aumento del índice de mortalidad de la población y la vulnerabilidad ante las epidemias.

Lugar: Museo de la Ciudad.
Fecha: del 14 de mayo al 6 de noviembre de 2005.



La Historia ha sido modelada, en parte, por las epidemias que asolaron a la Humanidad a lo largo de los siglos. Las grandes pandemias modificaron estructuras demográficas, afectaron el curso de algunas guerras, derribaron gobiernos, plantearon interrogantes religiosos e impusieron desafíos científicos.

La ciudad de Rosario fue un mojón destacado en el derrotero mórbido de epidemias que afectaron ciertas regiones del mundo durante el último siglo y medio. El cólera y la peste bubónica descubrieron problemas. Situaciones opacadas por el optimismo forjado al calor de la gran expansión urbana en el ocaso del siglo XIX y los albores del XX. La poliomielitis dejó, además, huellas físicas indelebles.

Estos sucesos revelaron acciones solidarias y desnudaron conductas oportunistas. Desataron conflictos políticos y pujas científicas. Fundaron instituciones públicas y privadas y delinearon trayectorias profesionales. Sellaron notorias improntas en la trama urbana.

El Museo de la Ciudad presenta esta exhibición destacando el impacto social y urbano de estos hechos. La manera en que los ciudadanos actuaron a favor de condiciones de vida más dignas. Evidencia que la ciudad puede transformarse a partir de la iniciativa de sus habitantes, preservando su identidad.

Museo de la Ciudad, mayo de 2005.

Las tres epidemias de cólera

En 1867, un brote de cólera desvaneció las expectativas de progreso económico creadas por la Guerra del Paraguay. Se contabilizaron 420 muertes provocadas por la peste. Fueron atribuidas a los gérmenes patógenos difundidos por efecto de la guerra, a las precarias condiciones materiales de la joven ciudad y al desaseo de la gente pobre.

Veinte años más tarde -otra vez el cólera- acababa con la vida de 1.166 personas. Las cuarentenas y un cordón sanitario afectaban seriamente la actividad económica. Esta vez las causas apuntaron a deficiencias de infraestructura sanitaria y a la mala calidad de la inmigración.

Entre 1894 y 1895 una tercera incursión del cólera puso en marcha un enérgico plan de acción que redujo sensiblemente los casos mortales. Fortaleció la idea que si se aplicaba a tiempo una estrategia adecuada, el cólera podía ser controlado. La mayor incidencia de la peste entre los habitantes de los barrios obreros generó preocupación por las críticas condiciones sanitarias de los trabajadores.


Las ideas higienistas

Los facultativos que actuaron durante la primera epidemia de cólera cimentaron el proceso de profesionalización de la medicina. El desempeño personal de los doctores Hertz y Hutchinson estableció una distancia irrevocable entre la figura del médico y la del curandero.

A partir de la segunda epidemia y al amparo de las ideas higienistas, se aplicaron políticas sanitarias públicas que enfrentaron el problema en forma centralizada. Los higienistas postulaban la necesidad de saneamiento del ambiente y el control sanitario de la población.

Con la segunda epidemia de cólera llega el médico Isidro Quiroga. Su designación al frente de una de las secciones sanitarias municipales constituye el primer peldaño de una carrera profesional y política que lo llevará a la intendencia municipal en 1909.


Pestilentes pantanos

En 1867, la peste movilizó a la embrionaria sociedad civil rosarina: un nutrido grupo de vecinos elevó un petitorio exigiendo el cegamiento de los pestilentes pantanos de la laguna de Sánchez, actual plaza Santa Rosa.

Este pedido se sustentaba en la teoría de los miasmas. Hacía referencia a las influencias infecciosas de los terrenos bajos cenagosos. Se le atribuían enfermedades de extensa área de difusión, pero de contagio dudoso.



Pánico en los albores del siglo XX

Durante los últimos meses del año 1899 los médicos rosarinos debatieron silenciosamente en torno a los interrogantes planteados por una serie de muertes. El quince de enero de 1900 fallece un jornalero ocupado en una de las grandes barracas de los barrios obreros. En los días que siguen mueren diecisiete más.

La situación adquiere estado público. Un decreto del Poder Ejecutivo Nacional declara la existencia de un brote de peste bubónica en Rosario, quedando la ciudad aislada del resto de la República a través de un cordón sanitario.

El aislamiento y la espectacular campaña antiepidémica montada por el Departamento Nacional de Higiene tuvieron un fuerte impacto sobre la vida de los rosarinos. La ciudad quedó paralizada. La sociedad, movilizada.

En esta ocasión, la sociedad se unió para expresar el rechazo a la campaña y a la idea misma de la existencia de la peste. Exigieron el levantamiento del odioso cordón, por los perjuicios económicos que causaba y porque temían que la desocupación provocara conflictos sociales.



La peste y el trabajo

Las víctimas de la Barraca Germania revelaron que la infraestructura sanitaria no bastaba para que la ciudad fuese inmune a la peste. Los muertos eran trabajadores. El factor de contagio, el trabajo.

El monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, escrito por Juan Bialet Massé en 1904, destacará que el trabajo excesivo y en ámbitos insalubres predisponía físicamente al contagio.

En los años que siguieron, la carrera ascendente de la tuberculosis -la peste blanca- fortalecerá esta convicción.



La ciudad mutante

Las epidemias transformaron irreversiblemente la fisonomía urbana. El cólera evidencia la necesidad de mejorar la calidad de vida. Impulsa una serie de obras como la red de agua corriente, el empedrado de las calles, el cegamiento de pantanos, el mejoramiento de la vivienda popular y la creación de parques públicos.

Con la peste bubónica, son las condiciones de salud e higiene laborales las que reclamaron progresos. Obras que modificasen la desgarradora situación de insalubridad sufrida diariamente por obreros y operarios.


Las instituciones públicas

Desde los tiempos del cólera, la administración municipal trató de monopolizar las acciones de prevención y control epidémicos. Acorde con las ideas higienistas emprende a finales de 1880, la especialización de su aparato institucional. Se crean organismos como la Oficina de Higiene y la Asistencia Pública.

En la creación de los lugares destinados a la atención de los infectados confluyen las iniciativas oficiales y la filantropía particular. Durante esta época se fundan el Hospital de Caridad hoy Hospital Provincial, el Hospital Italiano y el Hospital Español, entre otros.



Niños en peligro

Desde principios del siglo XX, el virus de la poliomielítis se había instalado en la comunidad. Los brotes epidémicos dejaban siempre gran cantidad de afectados. Sin embargo, fue en el verano de 1932-33, cuando adquirió signos alarmantes por el número de enfermos.

En poco tiempo se convirtió en un problema social de gran magnitud por las secuelas que dejaba sobre los contagiados. No hallar una terapéutica eficaz para su mal y la inferioridad física los conducía, inexorablemente, a la depresión moral.

Al comenzar la década de 1950, la ciudad se conmovió con la reaparición virulenta de este mal. Muchas familias en pánico, se desplazaron con sus niños a otros lugares, fuera del área de riesgo.

Para los médicos la mayor preocupación era identificar el modo de propagación del virus. Mientras tanto, una de las medidas de prevención seguía siendo efímera: la bolsita con alcanfor en el pecho de los pequeños. La misma se identifica aún hoy con este flagelo.


Los primeros tratamientos

Los doctores Isidoro Slullitel y Cayetano Infante, fueron verdaderos precursores del estudio de la enfermedad en Rosario. Se inclinaban por la hipótesis del contagio interhumano.

El Dr. Oscar Maróttoli se dedicó a investigar sobre la parálisis infantil, en particular las medidas que debían emplearse para evitar las deformaciones de los miembros. En base a sus observaciones continuas, elabora un tratamiento ortopédico en desmedro de la fisiatría.


La inyección y el terrón de azúcar

En 1953, Jonas Salk, produjo la primera vacuna capaz de conferir inmunidad, a través de virus muertos por calor y alcohol. El virus inactivado, conservaba sus propiedades inmunogénicas. Se inició la aplicación masiva de la vacuna inyectable.

Las jeringas debían ser esterilizadas en recipientes de agua hirviendo, esto provocaba que niños y adultos realizaran prolongadas filas en distintas entidades destinadas al suministro de la preciada vacuna.

La aplicación sistemática de la vacunación significó la paulatina erradicación de la poliomielitis. Sin embargo durante dos décadas, se reanudaron brotes epidémicos en forma periódica debido al incumplimiento de la ley que establecía su obligatoriedad.

En 1961 y 1962 se iniciaron los primeros ensayos de vacunas con virus vivos atenuados. El Dr. Albert Sabin desarrolla esta nueva vacuna vía oral. Por su sabor amargo se la sumnistraba en los primeros tiempos junto a un terrón de azúcar. En poco tiempo esta nueva forma de prevención recorrió el mundo entero. Los gobiernos pudieron formular campañas de vacunación sistemáticas, erradicando una de las enfermedades que más conmocionó a la comunidad médica y al conjunto de la sociedad.


Entidades creadas

Con el aumento de casos de poliomielitis, se crean las primeras entidades destinadas a rehabilitar la población afectada. Surgen la Asociación Rosarina de Lucha contra la Parálisis Infantil (ARLPI) en 1946, y la Liga Popular Rosarina contra la Parálisis Infantil en la década de 1950.

En 1956 se establece el Instituto Antipoliomielítico Municipal, para atender a niños y adolescentes con secuelas. Brindaba a los pacientes una atención integral.

En el mismo año se crea el Instituto de Lucha Antipoliomielítica y de Rehabilitación del Lisiado (ILAR). Destinado a la profilaxis, investigación y rehabilitación de los pacientes, continúa su labor en nuestros días con la atención al discapacitado neuromotriz.

La Cruz Roja

Fundada en Suiza en 1863, llega a Argentina en 1880 de la mano del médico higienista Guillermo Rawson. El cometido fundamental es brindar asistencia a las víctimas de guerra, ampliando su participación en catástrofes y epidemias.

En 1893 se funda el subcomité Rosario. Durante las epidemias de cólera, peste bubónica y poliomielitis aporta material médico y asistencia a los enfermos, afectados en sus funciones respiratorias.



La ciudad como obstáculo

Las secuelas de la polio descubren al espacio urbano como un territorio limitante. Evidencian aún hoy la necesidad de diseñarlo y transformarlo. Atender el derecho de todos sus habitantes a vivir una ciudad sin barreras.



Investigación histórica: Agustina Prieto.
Fuentes:
GARCIA, Lía Claudia. Comunidad médica e iniciativas estatales ante las epidemias de poliomielitis en Rosario 1932-1960. III Congreso de los Pueblos de la Provincia de Santa Fe: Historia y Prospectiva. Santa Fe, 1998.
PRIETO, Agustina. Rosario: Epidemias, Higiene e Higienistas en la segunda mitad del siglo XIX. Universidad Nacional de Rosario.
ARMUS, Diego. Enfermedad, ambiente urbano e higiene social. Rosario entre fines del siglo XIX y comienzos del XX en Sectores Populares y Vida Urbana. Ediciones CLACSO, Buenos Aires, 1984.
BIALET MASSE, Juan. Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República. 1904.

HORARIOS DE VERANO

En enero abierto al público de martes a viernes de 9 a 15 hs y fines de semana y feriados de 14 a 20 hs. Se podrá visitar la muestra Ciudad de Rosario. Episodio Dos.
El Archivo Fotográfico y la Biblioteca y Archivo Documental permanecerán cerrados al público hasta el martes 15 de febrero de 2011.

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