Museo Vega

La exposición, desarrollada simultáneamente en los museos Castagnino, de la Ciudad y MACRO, propone para el espacio-Museo de la Ciudad una serie de obras plásticas, fotográficas y objetuales que, en palabras del autor, el artista plástico Oscar Vega, muestran un recorrido no solo exterior de la ciudad, sino interior, de lo que no fue o de lo que pasó inadvertido. Obras que no serán obras hasta que no estén en el Museo Vega, ese lugar que propone modificar la mirada.
Lugar: Museo de la Ciudad / Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino
/ MACRO.
Fecha: del 12 de octubre al 8 de noviembre de 2007.
La leyenda del Chanha nha
La Mosca Blanca
Reproducimos, con la autorización del autor, estos apuntes del cuaderno de anotaciones de Kart Kokka, investigador aficionado, estudioso de los mitos sudamericanos.
Se sabe que descendientes de los Chanha nha de la isla, vienen ingresando a la ciudad de Rosario desde hace varios años, para lo cual habitan en cuerpos de inmigrantes de países vecinos, que llegan al país en busca de mejores oportunidades. Guardan una apariencia de completa adaptación a la sociedad argentina: algunos consiguen empleos temporarios, por lo general en el gremio de la construcción; otros se anotan en facultades estatales en carreras universitarias, entre las que prefieren Medicina y Odontología; otros incursionan en la compra y venta de autos usados de muy bajo costo. Generalmente no forman pareja, viven solos o en pequeños grupos de varones.
Un dato los unifica: todos conservan, muy en secreto, el culto a varias deidades zoomorfas propias de la cultura insular, como es el caso de el Yaguareté Invisible (felino sediento de sangre que sólo se hace visible a sus seguidores en noches sin luna ni estrellas y siempre que no se le acerque una fuente de luz), el Maeh Chah, El Poeta-Chancho (ser mítico que tiene cabeza y tronco de poeta y el resto de chancho, cuyo culo declama odas en las tardes muy soleadas) y, la más difundida y que tiene más adoradores, hecho que hemos investigado y que nos motiva a escribir este modesto informe: la Chaan bzz, La Mosca Blanca, díptero albino con cualidades divinas. Se dice que el que ve a la Mosca Blanca es tentado de súbito con la obtención de la inmortalidad. Es creencia fuertemente arraigada que la ingestión de un trozo de ala de esta mosca (que supera hasta seis veces en tamaño a una mosca normal) confiere ese dudoso don. Los adoradores de la Mosca Blanca buscan incesantemente a su Diosa; andan, literalmente, todo el día papando moscas, en busca de un ejemplar perfectamente blanco.
Las ceremonias de iniciación en el culto de la Diosa se suelen realizar en un cuarto de pensión en la zona de Pichincha, en el que viven varios de estos inmigrantes-indígenas-urbanos. La pensión está sobre calle Jujuy en un primer piso, cada cuarto tiene una ventana que da a un patio interno, pero no diremos más. Las reuniones las hacen en torno a una enorme mosca de yeso, de dos metros de largo, que fue sustraída del cartel de la zapatería Calzado Oscaria, ubicada en la calle Córdoba al dos mil ochocientos, casi Ovidio Lagos, la que estaba como posada en la pared, a unos cinco metros de altura, y pesaría más de cincuenta kilos. Atesoran esa imagen secretamente dentro de la pensión. La enorme representación de La Mosca Blanca ocupa más de la mitad de la pieza, en el espacio restante guardan sus cosas, duermen y comen cinco miembros de la cofradía.
Los viernes y algunos domingos, después del mediodía, comienzan a llegar adeptos a la pensión con la excusa de que vienen a estudiar. Van entrando todos al cuarto con libros bajo el brazo y disimuladas entre carpetas, cajas de vino de la más baja calidad. Allí cantan y bailan alrededor del ídolo, durante horas, incrementando el ritmo sin cesar. Se dice que llegan a lamer las alas de yeso (que untan previamente con una mezcla de hierbas), entrando en un frenesí que los hace sentirse ellos mismos La Mosca Blanca, ser inmortales y hasta pretender volar.
Del misterioso cierre de la zapatería Oscaria pocos días después de que desapareciera del cartel la susodicha mosca de mampostería, se han dicho muchas cosas: que se mudaría a otro local con distinto nombre, que habría sido vendida, una consecuencia del boom inmobiliario, para construir allí un edificio. Lo cierto es que, hoy, el lugar donde estaba la zapatería es tierra arrasada. La hipótesis que circula entre los chan nah dice que la zapatería era una tras ah, una puerta de entrada a la inmortalidad (el típico y simple mito del lugar de pasaje) presidida por la imagen de la Diosa. Al faltar el ídolo, la zapatería habría colapsado en sí misma reduciéndose a un a-hí que sería algo así como un agujero negro, un punto infinitamente pequeño que daría paso a otro universo, sin tiempo.
En la actualidad, el lugar de pasaje se habría trasladado, siguiendo a la imagen de la divinidad, a la pensión de la calle Jujuy. La ventana del cuarto sería pues el actual tras ah, hecho que explicaría los reiterados ingresos de inmigrantes a la guardia del Hospital Centenario con lesiones por contusiones que no pueden –o no quieren- explicar.
Texto referido por el Dr. Carlos Coca
Consejo Chanha nha
Bonzos birmanos que saludan al gobernador con gestos, pífanos y timbales: no se hagan los desentendidos que sabemos que lo saben, que conocen el consejo:
“El equilibrio es uno de los peores enemigos de la vida, no aproveches tu vida humana para tratar de equilibrar las solicitaciones del mundo con excesos, abusos y fiestas interminables: deja que un sano desequilibrio te lleve por el mundo, que la inquietud te levante del lecho, que la pasión te haga correr por playas desiertas, que la ilusión del amor te haga creerla bella, casta y dedicada, deja que el desequilibrio te lleve desde donde hay más hasta donde hay menos, que te remanse la corriente mientras nadas lo que puedes, deja, permite, oblitera, aprovecha el impulso, llévate por el no equilibrio, quita de ahí esas cosas que has puesto para que tu vida sea una balanza viviente de aceleración nula porque ya llegará el momento de sumirse en el equilibrio, dejar de hacer cosas, pasar a ser recuerdo y entonces no quedará ocasión”.
Texto de Eugenio Previgliano, poeta y agrimensor.
La Ciudad del No poder / La ciudad ideal










